Si firmaste tu crédito hace un par de años, es muy probable que hoy existan tasas más bajas en otros bancos. Cambiarte no es gratis — pero tampoco es tan caro como parece.
Un punto que genera confusión: al refinanciar, tu deuda sigue expresada en la misma cantidad de UVAs que tenías antes de refinanciar (el saldo pendiente de tu crédito original, no el monto que pediste al principio). Lo único que cambia es la tasa de interés que se aplica sobre ese capital para calcular la cuota nueva. Si la tasa nueva es más baja, la cuota baja — y con ella, el total de intereses que vas a pagar en lo que queda de plazo.
Refinanciar implica dos trámites notariales en uno: cancelar la hipoteca vieja (levantamiento de la garantía a favor del banco anterior) y constituir la hipoteca nueva a favor del banco que te recibe. Cada uno tiene sus propios costos de escribano, sellos e inscripción registral. En conjunto, calculá entre 1,5% y 3% del capital a refinanciar, dependiendo de si hay convenio de fomento entre bancos (algunos tienen acuerdos que abaratan el trámite) o no.
Si te quedan pocos años de crédito, la diferencia de tasa es marginal (menos de 1 punto), o el banco actual te ofrece renegociar sin pasar por escribano (algunos lo hacen para retener clientes, vale la pena preguntar primero antes de mudarte de entidad), el trámite completo puede no justificarse.
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